Esa Sombra temida
Por instinto tendemos a rechazar,
eludir o aplazar aquello que nos incomoda, desagrada o atemoriza. Pero
esta no es siempre la mejor elección.
Hay cosas, en el camino
de la vida, que llegan a nosotros fuera de tiempo o fuera de lugar. Y hay
otras que, aunque son reales, no nos competen ni jamás lo harán por estar fuera
de nuestro círculo. Sin embargo, hay otras que no debiéramos evitar
confrontar, como el crecimiento, la profesión, la madurez, el tener hijos, la
vejez o la muerte.
Estoy convencida de que
la ignorancia hace que el temor encuentre un nido en nuestro subconsciente.
Cuando entendemos lo que
es un rayo y cómo funciona, ya no brincamos de miedo como el niño que por
primera vez lo percibe con sus oídos y sus sentimientos. Cuando
entendemos el peligro podemos hacer muchas cosas para minimizar e incluso
anular los riesgos y sus consecuencias, como en el caso de las enfermedades, el
fuego o los animales que atacan al hombre.
Si al empezar a
oscurecerse el cielo y arreciar la lluvia, yo me acerco a mi hijo y lo abrazo y
le explico lo que son las luces en el cielo y los truenos, lo estaré
rodeando de protección a nivel consciente, la cual lo defenderá a lo largo de
toda su vida a nivel subconsciente, aún cuando yo ya no esté allí.
Ese es el efecto de la verdad sobre nuestras
vidas: tranquilidad, seguridad, esperanza.
Hay un factor que no
debiéramos subestimar, y ese es el factor Dios: Creador, Soberano,
Todopoderoso, Bueno y Justo.
Lo primero que hace un
niño bueno al experimentar miedo es pedir perdón: "Perdóname Dios
por haber agarrado las galletas." "Perdóname Dios por haberle
contestado mal a la maestra." "Perdóname Dios por haberle
pegado a mi hermanito."
Mi corazón se enternece
al escuchar tales declaraciones. Si Dios se enojara por tales cosas, ¿en
dónde estaría nuestro planeta ahora? Pero nosotros los adultos podemos
leer los evangelios en la Biblia para entender qué enoja a Dios; y ciertamente
es inteligente y sabio ponernos a cuentas con El en medio de huracanes,
terremotos, nuevos brotes de virus o inundaciones.
Lo cierto es que
todo ser que nace, muere. Y en el colegio y la universidad se nos enseña
a vivir, a realizarnos como profesionales, a tener éxito, ... pero no se nos
enseña a morir. Y todos, sin excepción, inevitablemente deberemos
enfrentar ese momento.
La muerte no debe
asustarnos.
La muerte no debe ser
para nosotros un tabú más; una sombra oscura, fría, lejana que todos queremos
evitar tanto como sea posible.
La muerte debe ser para
nosotros una etapa más de la vida. Nacemos, brotan nuestros dientes,
dejamos de gatear, se estira nuestro cuerpo, nos convertimos en personitas
completas que absorben todo a su alrededor; tenemos en nosotros millones
de preguntas que irán llenando nuestro repertorio de conocimiento al ser
respondidas y nos convertirán en las personas que decidamos y escojamos ser.
Normalmente vivimos unos
50 años como mínimo y luego morimos. Con los avances de la medicina
muchos llegan ya a los 90 ó 100 años; pero con los cambios sociales y
tecnológicos muchos mueren prematuramente en accidentes de toda índole, o por
tabaquismo, alcoholismo, abuso de drogas o suicidio.
Así como es posible
morir de vejez, es posible morir a cualquier edad, desde un día de nacidos, por
complicaciones, o cosas del destino que sólo a Dios le toca decidir y juzgar.
Es por ello que lo que
nos resta y toca es vivir nuestras vidas a conciencia, con amor y alegría, con responsabilidad
y satisfacción.
No todos mueren
acostados en una cama, por una enfermedad que va empeorando poco a poco y va
apagando su vida lentamente. Estos tienen tiempo para arreglar sus vidas:
pedir perdón y perdonar, despedirse y hacer la paz consigo mismos y tal vez
incluso ocuparse de cosas para las cuales nunca tuvieron tiempo.
Es necesario entender
que ninguno de nosotros tenemos la vida garantizada. Ninguno de nosotros
sabe si se levantará mañana o abrirá los ojos para ver la luz del nuevo día,
pero lo triste es que este pensamiento ni siquiera cruza nuestras mentes.
El estrés provocado por
la adquisición o retención de cosas materiales nos hace perder el enfoque
correcto de la vida. Creo que si vemos la muerte como una amiga, como una
puerta o un puente para llevarnos a un mucho mejor lugar en el que nuestros
sueños se harán realidad, seremos mucho mejores personas. Viviremos
nuestras vidas más intensamente, seremos más objetivos, realistas y agradecidos.
Dejaremos pasar menos oportunidades y abrazaremos lo valioso en
lugar de perder el tiempo en cosas vacías y hasta destructivas.
Creo
que si aceptamos el hecho de que la muerte nos llegará, viviremos con mucho
menos temores y con más responsabilidad y dignidad.
La muerte no debe ser
para nosotros un monstruo despiadado e iracundo que apagará toda luz y esperanza,
pues esto será así solamente para aquéllos que vivieron sus vidas así: en
oscuridad y maldad, dañando y destruyendo, sin jamás considerar que el corazón
un día habrá de detenerse, y habrá que darle cuentas a un Creador que nos
preguntará: "¿Qué hiciste mientras en ti latió?"
Vivamos con ganas de
contestar esa pregunta. Y aunque no sepamos quién llegará primero del
otro lado, vivamos asegurándonos de que si hubiéremos de partir antes, les
dejaremos a nuestros seres queridos muchas razones para sonreir y seguir
soñando, al recordar los buenos momentos vividos juntos; las lecciones
aprendidas, los retos vencidos; las alegrías.
Nos volveremos a reunir
en ese paraíso que supera toda imaginación; ese lugar de perfección y
plenitud inalcanzables en esta tierra nos estará esperando para recompensar
nuestros esfuerzos, premiar nuestros logros, y hacernos olvidar nuestros sufrimientos
y consolar todos nuestros dolores.
¡Lloremos la
separación!, porque una etapa ha terminado cada vez que decimos
"adiós" a un ser querido; pero en realidad es un:
"¡Hasta luego!"
¡Qué no nos falten los
recuerdos! ¡Qué no nos falte la esperanza! ¡Qué no nos falte la
convicción de que el amor es eterno y la muerte sólo es la puerta que todos
debemos atravesar, para llegar a lo perfecto y a algo superior a lo que ya conocemos!
Y si hemos de
adelantarnos, digamos con certeza, paz y alegría:
"Allá te estaré esperando. ¡Piensa en mí!"
"Allá te estaré esperando. ¡Piensa en mí!"
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La Muerte
de un Ser Amado
Todos somos únicos;
todos tenemos algo especial,
y cuando partimos, dejamos un vacío
que nada ni nadie pueden llenar.
El dolor de la separación no se puede evitar,
pero queda la consolación
de cada grato momento recordar.
No es un adiós, sino un ¡Hasta luego!
Ese ser amado
se nos ha adelantado
a atravesar el umbral
que separa lo divino de lo terrenal.
Las lágrimas el dolor expresarán
y los tesoros en el corazón lo consolarán.
Gracias a Dios
por todo los buenos tiempos vividos
y por el día
en el que nos sabremos reunidos.
A nuestro padre, fallecido en enero, 2003.
Ami Contreras Barrutia
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"Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí aunque esté muerto vivirá. Y todo aquél que vive y cree en mí no morirá eternamente."
S. Juan 11:25-26
Canciones:
"We fell in love" E. Humperdinck; "The way we were" B. Streisand; "Cherish" Kool & the Gang
Mucha gracias por compartir esto tan bello
ResponderEliminarGracias por su comentario. Y por compartir. ¡Bendiciones!
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